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日志


6月28日

Perfectamente imperfecto

Después de llevar tres años tocando la misma canción,
el acordeonista del puente "romano" ha conseguido
interpretarla perfectamente mal.
6月17日

Tirando cosas

¡Llegó el día!
 
 
 
 
Si todo sale según lo previsto, sólo estaré una semana incomunicado :)
6月14日

El arrojo de Inma

(Pensando en Inma C.L.A. con todo el cariño que le tengo, y todo lo que le debo)
Al: Inma, ¿cómo se te ocurrió meterte en ese campo?
 
Inma: Ví algunos trabajos que empleaban esta técnica en otras disciplinas, y me pareció interesante su aplicación en alguna de las líneas que estaba siguiendo.
 
Al: Ajá, pero el empleo de esta técnica ¿es el objetivo o el medio en tus trabajos?
 
Inma: No, no. La técnica es el medio que utilizo para conseguir los objetivos que persigo conocer. Eso siempre es así.
 
Al: Pero ahora la aplicas en todos tus trabajos, y sin embargo, tienes líneas en disciplinas diferentes.
 
Inma: Sí, las disciplinas en las que me muevo son diferentes, pero la aproximación a las mismas se mueven dentro de la misma temática, y por ello utilizo la misma herramienta para problemas similares, aunque estos problemas se planteen en campos muy distintos.
 
Al: ¿Y esta herramienta matemática no es demasiado compleja?
 
Inma: Sí que lo es, pero todo se aprende. Al fin y al cabo, no he dejado de aprender nunca. Eso sí, para ser eficaz hay que ser muy selectivo con la información que se busca. Y en todo caso, echar mano de la gente que te puede ayudar en un momento dado.
 
Al: ¡Qué valiente!
 
Inma: Al, ¿tú lo ves todo muy difícil, verdad?
 
Al: Ja ja ja ja.
 
Inma: No, en serio. Si veo un tema que me interesa, lo primero que hago es informarme sobre él. Y si veo que un trabajo mío puede encontrar un hueco, me pongo a trabajar en él. En general, tras quince días de recopilación de la bibliografía y su lectura, normalmente tengo el material de partida. Otros quince días para la elaboración del proyecto; y una campaña de recolección de datos que procuro que sea concentrada en el tiempo. Un tiempo prudencial para el tratamiento de los datos y la interpretación de los mismos; y un mes para preparar una publicación.
 
Al: ¡qué barbaridad!
 
Inma: Y si tengo alguna carencia, la suplo con alguien entendido en el tema, como hago ahora contigo. Al cabo de dos o tres días, me muevo en ese campo como pez en el agua.
 
Recuerdo esta conversación como si fuera ayer mismo, y cambió mi actitud ante lo desconocido por completo. Desde entonces me he sentido capaz para abordar cualquier proyecto por extraño que me resultase en un principio. ¡Y ya he tocado unos cuantos palos diferentes desde entonces! Y lo que es mejor, he podido innovar y abordar temas de forma que nadie había hecho antes con anterioridad.
 
Ahora me he embarcado en una tarea sencilla, pero igualmente extraña para mí. Dudo sobre la forma en que empezaré, desconozco cómo se desarrollará. Pero lo que sí sé es que la culminaré con éxito.
6月6日

El brillo del silencio

La luz llena media habitación, y aún no me atrevo a abrir los ojos. ¡La cabeza! me parece una nuez vana. Creo que los sesos van a rodar dentro del cráneo. Me incorporo y siento mi garganta seca, aún no puedo carraspear, no me atrevo. ¡Dios! ¿cuántos fueron? ¿cinco? ¿seis? El vaso aún tiene algo de agua con un tinte amarillento, seguramente no lo acabé. ¡Los ojos! el escozor delata el color rojo intenso que me encontraré cuando me asome al espejo. La visión de una montaña de colillas en el cenicero me provoca una mueca, la sequedad de mi garganta toma sabor, y el olor a tabaco cubre desde el paladar hasta las fosas nasales que también están resecas por una mala noche. Y ahora sé con seguridad que no será la última.

Una fotografía en blanco y negro se ríe entre dientes desde la carátula de una película. No estás a la altura se burla de mí. No lo pretendo, nunca pretendí parecerme ni a ti ni a ninguno de los protagonistas que llenan la videoteca; ni siquiera a un personaje de alguna de las novelas negras que copan mis estanterías. No soy un héroe, lo sé; es fácil, como puedes ver, prendarme de esa mujer. Tampoco tú lo eres, a mí no me engañas, sólo la diferencia de edad te mantuvo seguro en tu cuarto matrimonio. Betty, Betty... Betty te cautivó, no me extraña. Quizá pensaste que a esas alturas de tu vida ya lo tenías todo resuelto, quizá pensaste que nunca era tarde. Pero Betty se cruzó en tu camino. Tú tampoco eres un héroe.

Todo me da vueltas, aún no me decido a ponerme en pie. Le irá bien sin mí, seguro que sí. Siempre ha sido muy capaz. No me necesitará, seguro. Seguro que no. Una semana, y el teléfono mudo. En este estado no puedo juntar mis labios y soplar. No puedo, no debo, no puedo. Sólo debería pensar en París.

6月3日

Etapas intermedias

Cierto día, mi maestro, el hombre que más ha influido en los últimos veinte años sobre mi vida, me refirió este fragmento de Momo ante una tarea que se planteaba interminable:

—Ves, Momo —le decía, por ejemplo—, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.

Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:

—Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.

Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:

—Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la siguiente barrida. Nunca nada más que en el siguiente.

Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir:

—Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.

Después de una nueva y larga interrupción, siguió:

—De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.

Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:

—Eso es importante.

Ya lo dicen los árabes: no hay prisa, la prisa mata. Eso también lo sabía mi maestra de primero, la que quiso enseñarme a sumar llevándome. Ella nos decía que pusiéramos un uno pequeñito encima de la columna de números siguiente, así nos sería más fácil sumar a los dígitos de la columna, la cantidad arrastrada de la columna anterior. Una tarde, haciendo los deberes, me pilló mi padre haciendo uso del truco que nos había enseñado la maestra. Cuando le expliqué la función del dígito minúsculo, protestó y me dijo que éste no era necesario para sumar, y que dejara de emplearlo. Hoy día soy un completo negado para el cálculo mental. Sí, me gusta jugar con las matemáticas, pero sin que los números aparezcan. A estas alturas sólo sé que seis por siete son cuarenta y dos; y eso, porque en tercero de BUP me ví bloqueado ante la pregunta de mi profesor de filosofía (estaba fuera de clase, eso sí). Cualquier cálculo me produce un pánico sólo comparable al que siento ante las cucarachas.

¡Las etapas intermedias! Todos los grandes logros que he conseguido han venido dados gracias a la importancia de las etapas intermedias. Estaba pensando en esas cantantes que, cuando tienen que saltar de una nota a otra muy distantes entre sí, se apoyan durante una fracción minúscula de tiempo en una nota intermedia: hacen escala, me apuntaba alguien que sabe de estas cosas.

Hoy, escuchando La Canción de las Noches Perdidas de Sabina, me he acordado de Marlango, y de su Shake the Moon. Y ¡claro!, ha sido inmediato: de Tom Waits, y de su Chocolate Jesus. ¡Las etapas intermedias!

6月1日

Sociología pedestre

 
200 m. Dos bancos enfrentados. En uno de ellos dos señoras mayores asintiendo y un señor mayor sin inmutarse; en el otro, dos señoras, una de ellas a voz en grito.
... yo no pago ni un duro. Eso decía...
600 m. Un hombre, joven, hablando por teléfono; con un perro, joven; bajo un olivo, de mediana edad.
 
hombre:
... sí... pero... sí, sí...
perro:
joer
olivo:
joer
400 m. Dos señores mayores en un banco.
... el empaste. Porque tenía la muela hueca...
500 m. Dos jóvenes con indumentaria deportiva sentados en un banco.
... cinco vueltas...
600 m. Cuatro adolescentes sentados en un banco: dos chicos y dos chicas. Una de ellas, en pleno relato.
... tío. Joeeeeer...
 
700 m. Dos señores y una señora de mediana edad, todos sentados en un banco. Uno de ellos adoctrinando al resto.
... pero, pero, pero...
800 m. (bis)
 
 

Ginkgo biloba

***
Amarillo. Aún no imagina
el viento, la desbandada
de sus hojas, ya apagada
su claridad. Se avecina
la tarde gris. Ni adivina
su soledad, esa tristeza
de sus ramas.
***
 Ginkgo biloba [árbol milenario]. Elena Martín Vivaldi
 
 
 
Hoja invernal de Ginkgo biloba
(negativo, of course)