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日志


7月31日

Narciso

¿Es justo que se llame Narciso a una flor tan huidiza?

Quizá el Narciso se vanaglorie en solitario de su propia belleza, disfrutándose a sí mismo por poco tiempo. A quienes lo perseguimos alguna vez, sólo nos queda el Eco de su imagen en nuestra mente.

Este ejemplar de Narcissus triandrus lo encontré en una visita a la Sierra de Huétor, con Ady, después de años sin verlo.

(A , y a quienes como ella,
disfrutan de los pequeños detalles;
atravesando la península de sur a norte)

7月28日

Estridulación

Cierta noche de verano, asomados al balcón mi padre y yo, aquel se quejaba del chirrido de los grillos. Ambos nos extrañamos de que yo no pudiera oír un sonido que no me era desconocido. No tardé mucho tiempo en saber que era sordo para las frecuencias superiores a 4 000 Hz debido a un tratamiento prolongado de antibióticos durante mi infancia. Alguna anécdota referente a esta sordera publiqué ya en una entrada antigua.

Amos Dolbear publicó en 1897 una ecuación que relacionaba la frecuencia de crics por minuto con la temperatura ambiental para una especie de grillo norteamericano (Oecanthus niveus). Para conocer la temperatura en grados centígrados bastaba con sumar 5 al número de crics que el grillo hacía en 8 segundos.

Sin embargo, este comportamiento no es válido para todos los grillos. La frecuencia (y la duración del chirrido, con silencios entre ellos) varía con la especie, y hasta con la edad. Sin embargo, lo más interesante es que el chirrido depende más del comportamiento. Así, el macho, para atraer a la hembra, emite un chirrido de reclamo, que varía cuando ésta se halla presente (chirrido de cortejo). Existe, además, otro tipo de chirrido, de combate, entre machos que se disputan un mismo territorio.

Hasta hace unos días, estaba convencido de que si no oía los grillos era porque hacía calor. Ahora, si no los oigo puede que sea para no escuchar las groserías que un grillo macho le suelta a una hembra cercana.

7月23日

Semilla Negra

Soy de la opinión de que versionar un tema sólo es justificable si el resultado de este proceso tiene un carácter totalmente nuevo.

Marlango hace un homenaje a Radio Futura con una reinterpretación de Semilla Negra, en la que sustituye los aires caribeños por un ambiente más intimista; no mejor, sólo diferente, pero si se me apura, hasta más coherente con la letra, que es truncada hasta dejarla en una historia consistente y redonda.

Como si fuera un ejercicio de exorcismo, dejo aquí esta canción que me persigue desde el viernes.

Ese beso entregado al aire es para ti,
fruta que has de comer mañana.
Guarda la semilla porque estoy en él
y hazme crecer
en una tierra lejana.
Si me llevas contigo
prometo ser liger@ como la brisa,
y decirte al oído
secretos que harán brotar tu risa.

Esos ojos detrás del cristal
son dos negros cautivos cruzando el mar.
Por la noche estaré sol@ en la selva,
¡qué voy a hacer!,
esperando a que vuelvas.
Si me llevas contigo
prometo ser liger@ como la brisa,
y decirte al oído
secretos que harán brotar tu risa.

Yo tengo un pensamiento vagabundo:
voy a seguir tus pasos por el mundo.
Y aunque tú ya no estás aquí,
te sentiré
por la materia que me une a ti...
por la materia que me une a ti...
por la materia que me une a ti...
por la materia que me une a ti...

Semilla negra...
Semilla negra...
Semilla negra...
Semilla negra...

Semilla Negra (S. Auserón/L. Auserón)

Para escuchar:
Semilla Negra. Marlango

7月19日

Canícula

Queda media hora para que los comercios cierren las puertas, y la ciudad comienza a reaccionar tras su letargo. Las sombras de los edificios ocupan las calles hasta hace poco deslumbradas por el sol. El pavimento se desprende del calor acumulado durante el día como una parrilla recién apagada, y la sensación de sofoco es ya sólo un recuerdo. La hilera de olmos se resiente de la tierra agrietada de sus alcorques, y las falsas acacias se quejan de la canícula, con sus hojas péndulas y flácidas.

Las familias copan los paseos con sus cochecitos, aprovechando la luz disponible para la necesaria dosis de sus pequeños, mientras un trío callejero de jazz toca sin demasiada convicción. Los rituales estivales son forzados a aparecer, y una cría lleva en su mano un helado con una consistencia de pomada. Mientras la miro, una paloma evalúa a mi paso la conveniencia de salir volando, y decide finalmente dar tan sólo un salto con una leve apertura de alas.

Llego al río, que discurre encajado en la umbría, y aparecen los primeros pájaros que alivian las nubes de insectos que sobrevuelan herbazales y zarzas. Elijo el mejor sitio del muro para sentarme, y observo cómo entre las piedras aún crece el beleño que descubrí años atrás. Allí espero hasta el ocaso.

Hace media hora que los comercios cerraron sus puertas y el cielo lo ocupan pájaros y murciélagos. Las calles las plagan oleadas de gente con cámara al cuello, y los helados tienen una consistencia firme. El saxo toca de manera fluída acompañado por un bajo y una guitarra eléctrica, mientras la gente disfruta en las terrazas de un rato de conversación. Lo peor del lunes ya ha pasado.

7月11日

Bo Derek

 
Que sí, que sí, que Bo Derek será la mujer 10...
 

 

... pero que para mí no llega al

7月2日

Finis terrae

 

—Baja la cabeza —me indicó el peluquero, apoyando el dedo corazón en mi colodrillo.

La silueta de un hombre corpulento atenuaba la luz de un atardecer veraniego que atravesaba los cristales de la puerta. En la calle, la estatua de Carlos V frente a la Facultad de Derecho estaba coronada con un tambor de Colón, y de uno de sus brazos colgaba un bolso de deporte con la inscripción "Montreal 76".

—Ya te quedará poco, ¿no? —volvió a cortar el silencio el peluquero, dirigiéndose al hombre.

—Un examen y se acabó —respondió éste— aún tengo pendiente alguna nota por ahí; pero los exámenes los hice bien, de modo que ya sólo me queda éste. ¡Qué ganitas, cuánto trabajo!

El hilo de humo de su cigarrillo se tornó en un remolino; una última calada y el estudiante tiró la colilla a la calle. El peluquero, con un apunte de sonrisa, remataba su trabajo. Inmerso en las cuestiones ajenas, me vi envuelto en un viaje imaginario sin destino. Apenas podía imaginarme ante la perspectiva de formar parte de aquella masa que pululaba por las calles con libros y apuntes; y la idea de estar a punto de culminar con éxito los estudios universitarios me resultaba tan extraña como nebulosa.

Diez años después salía satisfecho de un examen de Fisiología animal, todo estaba llegando a su final. Apenas quedaba un trámite: un examen oral y la entrega de los cuadernos de campo que habíamos ido confeccionando durante las excursiones de Geobotánica de ese año. La sensación de seguridad era total. No siempre fue así, hubo momentos en los que pensé que tendría que tirar la toalla. Pero aquel año todo estaba de mi parte. Disfrutaba con todo lo que hacía, dedicaba todo el tiempo que podía a ampliar información, relacionaba los conocimientos de varias asiganaturas, los profesores me apreciaban y el grupo estaba muy motivado.

—¡Buen cuaderno de campo! —señaló mi maestro hojeando el bloc de notas—. ¿Qué vas a hacer a partir de ahora?

—Tengo en mente alguna cosa.

—Pásate por aquí en septiembre y hablamos, ¿vale?

—Bien, claro.

Han pasado casi dos décadas desde entonces y ya se ve el final, que está a la vuelta de la esquina. La alegría se ha transformado en orgullo, y la tranquilidad en esperanza e ilusión.

—¡Qué guapa estás en la foto! Uy, parece que tuvieras la mandíbula de abajo hacia adelante.

—La mandíbula siempre es la de abajo.

—El maxilar inferior, quería decir. Que parece que lo tuvieras algo adelantado.

—Eso dicen, que en la foto parece que tuviera una maloclusión clase III.

—Si tú lo dices, será.