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9月28日 Variaciones de GoldbergEn la película Recuerdos (Stardust Memories), Woody Allen asegura: "No sé mucho sobre música clásica. Durante años pensé que las Variaciones de Goldberg eran algo que el sr. y la sra. Goldberg intentaron en su noche de bodas".
A mí me ocurre algo parecido. Las incursiones en la música clásica han venido dadas por el interés suscitado a través de otros medios, principalmente el cine. En El Silencio de los Corderos, Hannibal Lecter escucha una grabación poco antes de escapar. La sensación de deleite que transmite hace que yo desee disfrutar del mismo modo de esa pieza. En los créditos descubro que se trata de Las Variaciones de Golberg, de J.S. Bach.
Cuenta J.N. Forkel, uno de los biógrafos de Bach, que el conde Hermann Carl von Keyserlingk le encargó la composición de unas piezas de carácter suave para teclado, con las que pasar las noches de insomnio en la Corte de Dresde. En 1741, Bach completó las partituras que tituló Aria con Diversas Variaciones para el Clavicémbalo con 2 Manuales, por las que el conde le pagó con una copa llena de monedas de oro, el sueldo que Bach ganaba como Kantor de la Thomaskirche de Dresde. A cargo de von Keyserlingk, estaba el clavicenbalista Johann Gottlieb Goldberg, quien con 14 años sería el encargado de tocar las variaciones para el conde, que rebautizó la obra como las "Variaciones de Goldberg".
Aunque nadie cree que los hechos sucedieran de este modo, sino que al parecer las partituras fueron un regalo de Bach al conde por su recomendación para el puesto de Compositor de la Corte, nadie pasa por alto la versión de Forkel para adornar la historia de esta obra maestra.
En la búsqueda de una versión de las variaciones, al final me he encontrado con las siguientes opciones: O se elige una versión para clavicémbalo, o una versión para piano. De entre las versiones para clavicémbalo, mostraré la que me ha sido más fácil encontrar en Youtube, la de Pierre Hantaï (una de las más valoradas, por cierto). Entre las versiones al piano, me he encontrado con una de Barenboim. Por Barenboim siento una admiración y un respeto fuera de lo común, y creo que no tiene rival en sus interpretaciones de Beethoven; pero he escuchado las variaciones interpretadas por Glenn Gould, y ya sé qué es lo que quiero comprar.
Gould guardaba un ritual tanto en las grabaciones como en los conciertos. Llevaba consigo un par de botellas de agua y toallas, ya que sumergía las manos en agua caliente durante 20 minutos; a todas partes portaba una caja de pastillas de todo tipo y su silla personal para poder sentarse a una altura menor a lo habitual. Otro de sus gestos característicos era el canturreo mientras tocaba el piano. Aun hoy, sigue siendo el pianista que más discos ha vendido de las Variaciones de Goldberg.
Creo que me llevaré otra versión en clavicémbalo, probablemente la de Scott Ross. ¡Cómo puede traicionar la memoria! hubiera jurado que la versión que aparece en El Silencio de los Corderos era con clavicémbalo, y no, era al piano. 9月24日 Pirámide de poblaciónDesde hace algunos años, desde los medios se nos está lanzando mensajes equivocos referentes a la pirámide de la población de nuestro país, la baja natalidad, el envejecimiento de la población..., mezclados con otros del tipo de que el sistema de bienestar social está en peligro, y que la seguridad social se halla en riesgo de quiebra. En multitud de ocasiones he podido oír interpretaciones falsas sobre la estructura de la población, una nula comprensión de las causas que la explica, y propuestas demenciales para corregir los supuestos defectos que se en ella se observan. Como se pretende abordar problemas como el horario laboral, la edad de jubilación, la carga de trabajo y otros por el estilo sobre la base de la estructura de la población, me planteé tener una primera visión general sobre el tema. Con los datos disponibles en el INE (Instituto Nacional de Estadística) he representado la pirámide de la población española a partir del padrón municipal a 1 de enero de 2007. Pero quería conocer, además, qué parte de la población se encuentra trabajando, y supuestamente manteniendo, de una u otra manera, al resto de la población. Para esto, he tomado los datos de la EPA (Encuesta de Población Activa) para el segundo trimestre de 2007. Tras un ajuste de estos datos, el gráfico resultante es el siguiente.
Antes de analizar la estructura de la población, recordaré que aquellas pirámides con una base ancha, y que se van estrechando rápidamente hacia su cúspide, corresponden a poblaciones jóvenes; mientras que las que poseen una base estrecha y mantienen su ancho prácticamente hasta la cúspide, corresponden a poblaciones viejas. Así, nos lo enseñaron en la escuela, y así nos lo transmiten los medios de comunicación llevándonos a confusión. Una población joven NO responde a una sociedad sana, sino más bien al contrario: cada grupo de edad pierde una parte importante de personas que no pasan al grupo siguiente debido a una mortalidad inherente a su edad. Por el contrario, una población vieja responde a una sociedad en el que cada niño que nace tiene una alta probabilidad de llegar a viejo.
Nuestra pirámide de población no responde de forma pura a ninguna de las dos, sino que se compone de dos partes bien diferenciadas, adoptando el conjunto la forma de picas de la baraja francesa. Por encima de los 30 años de edad, la pirámide se ensancha rápidamente hacia la base debido a las políticas natalistas que se llevaron a cabo en el país hasta mediados de los años 70, y que tuvo su auge en el baby-boom de los años 50 y 60. Llaman la atención algunos detalles en la zona superior de la pirámide: uno de ellos es el ancho del grupo de mujeres mayores de 85 años, que se debe a la mayor longevidad de éstas en comparación con la de los hombres. Otro es la mella que puede observarse en el grupo de edad de 65-69 años, debido a una caída en la natalidad durante los años de la guerra civil, y que aún es patente tras casi siete décadas. El crecimiento desmedido de la población coincidió durante los años de la transición democrática con un incremento del paro, que se debió a diferentes causas que nuestros países vecinos ya habían absorbido años atrás: la migración de la población rural a las ciudades, la incorporación masiva de la mujer al mundo laboral, y el retorno de los emigrantes. Todo ello propició un receso en la natalidad que se acentuó en los años 80 con las políticas de control de la natalidad, ley del aborto, disminución de los embarazos no deseados, etc. Ello puede observarse en la fracción de la pirámide que contempla los grupos de edades por debajo de los 20 años, netamente más estrecha que los grupos de mayor edad. Si observamos qué fracción de la población es la que sostiene económicamente el país (la señalada con color más intenso en el gráfico) observaremos que en la actualidad, la actividad es ostentada principalmente por los grupos de edad nacidos durante las épocas de mayor natalidad en España; con una diferencia significativa en la ocupación laboral entre varones y mujeres, a favor de los primeros. En un esquema tan desigual de la carga de trabajo, me resulta inconcebible que algunos países como Francia aboguen por una ampliación de la jornada laboral que, en mi opinión, acentuaría este desequilibrio. Haciendo un ejercicio de proyección hacia el futuro, podremos percatarnos de que dentro de unos 30 años, una parte importante del país (aquella nacida durante los años del baby-boom) se encontrará en la edad de jubilación, que tendrá que ser sostenida por una fracción mínima de la sociedad española (aquella nacida en los años de natalidad más baja). Este hecho es, precisamente, el que hace saltar la alarma de la inestabilidad del actual sistema de la seguridad social. Sin embargo, es frecuente oír como soluciones, aquellas que son la causa de la situción actual. Se dice que es imprescindible aumentar la natalidad, olvidando que es precisamente una política natalista la responsable del desaguisado que se nos avecina. Se contempla la inmigración como un remedio paliativo a esta situación, sin diferenciar si dicha inmigración tendría carácter temporal o definitivo. Al margen de considerar el componente humanitario y el de libre derecho a establecerse donde cada cual quiera, la inmigración definitiva no solucionaría ningún defecto heredado de la pirámide de población, ya que se incorpora a la estructura y a la dinámica de la misma. Sin ánimo de ser agorero, me temo que las soluciones pasarán por retrasar la edad de jubilación para así mantener el mayor volumen de población en activo. De modo que no será posible aspirar a aquello de vive de tus padres hasta que puedas vivir de tus hijos. 9月17日 Memoria históricaSi hay una ciudad cuya identidad esté impregnada por la presencia de su universidad, sin duda es Salamanca. Dichos populares como El que quiera saber que vaya a Salamanca; o sentencias como la que utiliza la propia universidad en su propio descargo: Quod natura non dat, Salmantica non praestat (lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta), dan fe de la importancia de esta relación. Durante años, me atrajo una imagen colgada en las paredes de las copisterías y en las estanterías del departamento: una fotocopia en blanco y negro, cuya versión en color quería conseguir para mí. Años más tarde supe que se trataba de la Cédula de Excomunión que está expuesta en la Biblioteca Antigua de la Universidad de Salamanca. No hace falta decir que fue uno de los recuerdos que me traje de mi primera visita a esa ciudad.
Una de las cosas que llama la atención cuando se recorre el Patio de Escuelas y todo el barrio circundante es la cantidad de grafitis en color rojo que llenan los muros areniscosos de los edificios. Hasta mediados del s. XIX los estudiantes que conseguían doctorarse, celebraban la consecución del grado con un banquete y una capea. Sus compañeros pintaban un vítor con la sangre del toro o almagre en honor del doctorando en cualquier muro. Un vítor es un monograma compuesto por las letras de la palabra v-i-c-t-o-r hecha en honor de alguien que ha realizado una hazaña.
El origen del vítor se remonta a la época de Constantino I el Grande, Emperador de Roma en Occidente que estableció la libertad de culto para los cristianos tras el Edicto de Milán en el año 313. Cuenta la tradición que el emperador vió en sueños, antes de la Batalla del Puente Milvio en el Tíber, una señal en el cielo con un símbolo y una voz divina que le dijo: In Hoc Signo Vinces (con este signo vencerás). El símbolo responde a lo que se conoce como Crismón, monograma de las letras griegas Χ y Ρ superpuestas, iniciales de Cristo (en griego, χριστoς). Constantino hizo decorar los escudos de sus soldados con el crismón, y sustituyó el estandarte con el aguila imperial por el labarum, que incorpora el crismón. La victoria de Constantino fue también la del cristianismo en Roma, y el final de la tetrarquía vigente hasta entonces. El crismón tuvo con el tiempo distintas variantes, entre ellas el vítor que celebraba la victoria.
No me era extraño ese símbolo que había visto infinidad de veces en pintadas ultras, y que procedían de otra imagen: la del desfile del 19 de mayo de 1939, por la Castellana en Madrid.
Me resulta tan ofensiva la utilización de tal símbolo a costa de la sangre de tanta gente, que me niego a que acabe la entrada en ningún modo. Así que coloco otro vítor en su lugar. 9月10日 Noli me tangereCuando despertó
el rey Midas encontró cumplido su deseo
de romper todo cuanto tocaba 9月7日 Epílogo para un libro de cocinaSi es difícil acordarse de un prólogo, mucho más lo es recordar un epílogo. A Juan Pozuelo le tengo por una persona cercana, afable, tranquila; hasta en la constitución física me sentí identificado con él durante algún tiempo. Alejado del estrellato, Juan no exhibe sus habilidades; al contrario, intenta transmitir todo su saber de la forma más sencilla. Porque al final, con gente como él, todo es tan fácil... Juan es profesor de cocina. Lo ha sido toda su vida, tanto en el instituto como últimamente en la televisión, y estoy seguro que es de esos maestros a los que gustan que sus alumnos le superen enseguida. De su libro 199 Recetas de Pasta... y un Salmorejo, os dejo el siguiente fragmento:
Prólogo para un libro de cocinaEs raro que al ojear los lomos por la estantería de libros, uno se acuerde del prólogo de alguno de ellos, especialmente si se trata de un recetario de cocina. El nieto de Ana María Herrera reivindica en la introducción de su Manual Clásico de Cocina, la memoria de su abuela. A finales de la década de los cuarenta, Ana María era profesora de cocina en la Escuela de Hogar de un instituto madrileño a la vez que trabajaba como auxiliar en la Sección Femenina del Movimiento. La idea de escribir un libro de cocina adecuado a las necesidades de la época, que recogiera la tradición culinaria con ingredientes baratos y asequibles, y en la que los tiempos de preparación permitieran el paulatino acceso de la mujer al mundo laboral, fue apoyado por la Sección Femenina que se encargó de la edición del mismo en 1950. Tras la jubilación y fallecimiento de la autora en 1960, la Sección Femenina siguió editando el Manual de Cocina, pero omitiendo la autoría del mismo. Durante casi cuarenta años se ha estado editando este libro por el Ministerio de Cultura, relegando a Ana María al anonimato. Así conocí yo este libro que andaba por casa, como el libro de cocina de la Sección Femenina, el mismo con el que toda una generación de mujeres aprendió a cocinar o, al menos, amplió su recetario particular. No fue mi caso. Yo empecé a hacer mis pinitos con las 1080 Recetas de Cocina de Simone Ortega, de concepción más moderna e internacional, de referencia para miles de personas de mi edad, y que yo aconsejo fervientemente porque no hay receta que pueda salir mal si se siguen sus instrucciones. Pero sentía la necesidad de tener aquel recetario clásico, y fue cuando descubrí que El País-Aguilar lo reeditó en 1998, esta vez sí, reconociendo la autoría de Ana María Herrera y Ruíz de la Herrán. 9月4日 Grazalema en agostoAbies pinsapo. Sierra del Pinar. Primavera 1994
Un coche negro con las portezuelas amarillo mostaza, arrimado a una pared encalada durante un mes del verano, era la imagen de la emigración. Toda mi infancia y mi adolescencia la pasé junto al mar, y no fue hasta casi los veinte cuando descubrí el verano en un pueblo andaluz de interior.
La primera vez que vi un taxi de Barcelona en los Montes Orientales, pensé que alguien se había vuelto loco eligiendo el medio de transporte para sus vacaciones. Pero para esa familia, Andalucía no era un destino, sino el lugar al que volver. Desde luego, hay gustos para todo, pero cualquier época es mejor que la estival para visitar esta tierra.
Huyendo de la masificación de las playas, encontramos un punto no muy lejano al que escaparnos durante unos días. El mismo lugar que visitamos hace trece años en primavera, una semana santa, como debe ser. Grazalema está en la sierra de Cádiz, y debido a su situación geográfica, es el lugar donde se registra la mayor pluviometría anual de toda la Península Ibérica; toda la lluvia fuera de los meses de verano, eso sí, porque Grazalema tiene clima mediterráneo, y durante el estío, sus campos no dejan de tener su aspecto agostado.
Tras un rato de buscar un buen encuadre junto al hotel, terminé por desistir, percatándome de que estaba solo en la calle. Al pasar la puerta, tres empleados de unos veinte años dejan de mirar la pantalla del monitor y vuelven sus ojos, como platos, hacia mí.
—Hola, esto... una chica... ¿ha entrado...?— les pregunto.
El empleado situado a la izquierda niega con la cabeza.
—No, no ha entrado nadie— dice la recepcionista.
—¿Za t'ha perdío la mujé?— me pregunta el encargado del comedor.
—Jajaja, sí, se me ha perdido.
Estoy en Cádiz, en el interior, y el cambio se percibe; poco a poco, sin prisa pero sin pausa. El desarrollo se deja notar y está libre de cemento, cuidando el aspecto de la arquitectura y del urbanismo. Y cuidando la joya de sus sierras, el pinsapo; o pinzapo, que nunca debió haberse llamado de otra manera, ya que es así como se refieren a este abeto andaluz los habitantes de estos pueblos.
Un camión de incendios forestales llena la cuba en pleno pueblo, y centra la atención de todo el mundo. Una adolescente le dice a sus amigas que ella lo que quiere ser es forestal, y sigo pensando que todo sigue cambiando.
Me pregunto si en la India o en Pakistán podrán encontrarse Black Cabs londinenses durante el verano. |
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