Alabastro's profileTranquilidad inquietaPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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October 24 Algo huele en mi parkaLa carne tenía un color acaramelado, y la superficie reflejaba un brillo meloso. Al corte, mostraba una delgada costra crujiente que rápidamente cedía ante la presión de la punta del cuchillo. Una primera capa, gruesa, albergaba grumos mantecosos en una matriz elástica; estaba claramente separada de una carne dura, prieta, de un color rosado oscuro. La piña enrarecía el olor de la grasa y, lejos de amalgamar un manjar, le confería al plato un matiz disonante. Convenía desprender la grasa por completo y apartarla, aunque al hacerlo, se removían los olores que aún quedaban retenidos por la pieza. Era un olor intenso, entre dulce y agrio, saturado, empalagoso. Si un olor tuviera color, éste sería cetrino. La mañana estaba avanzada, y la cafetería ya no tenía la bulla de apenas una hora antes. El café con la leche, toda caliente, sobre el mostrador, el sobre del azúcar con una cita que leo antes de rasgarlo, y el periódico local con las páginas embarulladas junto a la columna. Me entretengo en repartir el azúcar sobre la crema para observar cómo se hunde de golpe. Leía un artículo sobre movilidad urbana sostenible, y un olor sale de la cocina. Es tarde, pero aún estamos todos con el café. Miro la tabla de tapas y raciones que empezarán a servirse una o dos horas más tarde: en ninguna parte aparecen los riñones. Y sin embargo, huele a riñones, como hechos en una salsa espesa que impregnara todo el ambiente. Al salir a la calle, el olor ya estaba allí. Si tuviera color, éste sería coñac, con un tinte oliváceo o pajizo. Aún me acompaña el olor durante un tiempo calle abajo, y sin embargo ya no huele. ¿Por cuánto tiempo me seguirá?, ¿de por vida?, ¿oleré el resto de mis días a riñones al jerez y pato con piña? Comments (10)
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